-Por mi culpa, por mi propia culpa. Y siempre me despierto cuando, se desvanece el piso, se acaba el escenario de la iglesia, luego viene el sudor y la sensación que me voy a caer aún estando en el suelo…
-¿Sigue tomando su
medicación?
-Sí, pero la pesadilla…
-¿Toma la dosis
recomendada?
-Sí, pero es que, vea…
las cosas están extrañas.
-¿Está escuchando
voces, o mezclando medicamentos?
-No, no es eso. Algo me
anda cazando.
-Ana, ya hemos pasado
por eso. Las voces no son reales, el mundo es simple y lo que creemos ver, no
siempre es la realidad. Recuerda mirar 2 veces. Vamos a subir un poco la dosis
del antipsicótico y evaluamos en unas semanas.
-Pero doctor…
-¿Sí, Ana?
-Nada, solo que pase
buenas tardes.
El mismo gesto de
enfado que frunce el ceño y la ceja levantada en forma curva sobre las cienes.
Mientras Ana, se va deslizando como una aparición entre las cortinas de
plástico ya rasgadas por el lento avance de la remodelación. Siempre da vértigo, pero solo es un sueño, son herramientas, personas, paredes a
medio pintar, fantasmas, y escenas de la muerte de Clara. Todo normal. Un
pasillo, solo eso.
-¿Clara, te dolió que
te cortara la cabeza?
-No, Ana qué cosas
dices, eso nunca sucedió.
-Sí, verdad. ¡Qué tonta
soy!
-Clara, quieres tomar
el té.
-No, veo porque no.
Una sombra en la pared asemeja
una tetera mientras que un balbuceo imita el sonido del agua. La habitación
acolchada puede ser aburrida por el silencio, pero ilimitada en los juegos de
sombras. La muñeca sin cabeza espera pacientemente la taza de té, mientras las
articulaciones laceradas sirven con destreza y alegría.
Excelente texto, me encantó Lola, un par de cositas ortográficas por ahí, pero soy tu fan#1
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