miércoles, 10 de diciembre de 2025

La redención de los malditos.

 -Por mi culpa, por mi propia culpa. Y siempre me despierto cuando, se desvanece el piso, se acaba el escenario de la iglesia, luego viene el sudor y la sensación que me voy a caer aún estando en el suelo…

-¿Sigue tomando su medicación?

-Sí, pero la pesadilla…

-¿Toma la dosis recomendada?

-Sí, pero es que, vea… las cosas están extrañas.

-¿Está escuchando voces, o mezclando medicamentos?

-No, no es eso. Algo me anda cazando.

-Ana, ya hemos pasado por eso. Las voces no son reales, el mundo es simple y lo que creemos ver, no siempre es la realidad. Recuerda mirar 2 veces. Vamos a subir un poco la dosis del antipsicótico y evaluamos en unas semanas.

-Pero doctor…

-¿Sí, Ana?

-Nada, solo que pase buenas tardes.

El mismo gesto de enfado que frunce el ceño y la ceja levantada en forma curva sobre las cienes. Mientras Ana, se va deslizando como una aparición entre las cortinas de plástico ya rasgadas por el lento avance de la remodelación. Siempre da vértigo, pero solo es un sueño,  son herramientas, personas, paredes a medio pintar, fantasmas, y escenas de la muerte de Clara. Todo normal. Un pasillo, solo eso.

-¿Clara, te dolió que te cortara la cabeza?

-No, Ana qué cosas dices, eso nunca sucedió.

-Sí, verdad. ¡Qué tonta soy!

-Clara, quieres tomar el té.

-No, veo porque no.

Una sombra en la pared asemeja una tetera mientras que un balbuceo imita el sonido del agua. La habitación acolchada puede ser aburrida por el silencio, pero ilimitada en los juegos de sombras. La muñeca sin cabeza espera pacientemente la taza de té, mientras las articulaciones laceradas sirven con destreza y alegría.

1 comentario:

  1. Excelente texto, me encantó Lola, un par de cositas ortográficas por ahí, pero soy tu fan#1

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