miércoles, 7 de enero de 2026

La Vasconia.

 De vuelta a las bancas naranja fosforescente picadas por el tiempo, con ese laqueado horroroso que hace resbalar hasta los restos de armonía y abrazos desgastados, por la cercanía impropia, ahora ajena.

No vamos a acumular tinta con botellas, solo miradas nerviosas con cafecitos sin azúcar. Diez años desde que éramos otros, sin tantos gusanos de tiempo merodeando la sonrisa o las ganas de vivir.

No te atrevas a invocar a Pizarnik, tenemos nuestra propia tela y piel molida para anidar o deshollar viejos granos, pero permanecemos, ya no como corriente, sino como nula existencia y un cariño eterno entre puntos y comas.

Hemos mutado desde el Sci-fi hasta el Barroco, con instancias de duelo, alegría y la ausencia permanente de la transmigración a mejores versiones nunca acabadas, con inicios desiguales.

Nuestras condenas, nos alcanzarán hasta algo peor que la tumba, el bloqueo y la compañía de muchas almas en una vida regular, donde no duela ni exista necesidad de sanar, correr montañas o imaginarlas.

Para: J.J

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