martes, 2 de diciembre de 2025

Cena Navideña

 Medianoche, sigo contemplando el vómito de hace unas horas. Ni siquiera me repulsa, porque esa aptitud la perdí hace años. Fue una fiesta linda, mucha comida, mucha crítica.

-¡Estás muy delgada!

-¿Estás comiendo 3 veces al día?

-¿Seguís siendo la loca de las calorías?

-¿Viste a María? ¿Parece un cerdo en ese suéter rosa?

-¿No tendrá un espejo en la casa? ¡Se ve terrible!

Las frases me seguían cazando por todos los rincones de la casa. Para escapar me paseaba cada tanto por la mesa de los dulces, evitada por todas mis detractoras. Lindos muñecos de nieve glaseados eran devorados para desgastar mi ira. En una oportunidad pude chocar con María; ambas rehenes de la misma condición, pero en polos opuestos.

En la trinchera común decidimos ser marginadas por elección del resto de la fiesta, unir ambas miserias, no hace fuerza, sino un blanco, porque la gente común nos ve con desprecio y asco como presas de cacería a medio degollar.

Todos pueden opinar de nuestros hábitos vulgares y eso los hace superiores. Se acabó el circo de fenómenos, como burla final la anfitriona empacó las sobras y se las entregó a María -para evitar el desperdicio- tal cual se alimenta a un cerdo.

En mi caso, la anfitriona, solo se resignó a preguntar de forma burlona, si había disfrutado mi comida anual. No soy pragmática, solo soy gruñona cuando lleno por completo mi estómago, sin mayor vértigo le contesté:

-Sí, fue una gran cena. Laurita, cuídate, te noté unos rollitos en la espalda y el cupo de la gordita ya está asignado.

Laura, pasó de una sonrisa festiva a horror y progresivamente a enojo, mientras María soltaba una carcajada de alivio.

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